Carlos Múgica

Posted on 8 octubre, 2014 by oscar

Carlos Múgica es uno de los ejemplos de una Iglesia, que permanece silenciada, frente a la Iglesia conservadora, poderosa. Es la Iglesia de los pobres, comprometida con la lucha real, diaria, constante… –no sólo teórica- de los  pueblos oprimidos, en barrios, poblados y chabolas. Junto a Ellacuría, Romero y tantos otros, representa la Iglesia mártir, tan alejada de los Roucos, los Ratzinger, los Woijtilas… y tan cerca de las personas. Tan lejos del poder y tan cerca de Jesucristo.

Carlos Múgica también -como San Óscar Romero o San Ignacio Ellacuría y tantos otros-  fue asesinado. Pero su ejemplo, también sigue presente en los barriadas de Buenos Aires. Carlos Múgica, fue sacerdote, periodista, peronista y revolucionario. Y muchas cosas más.

A Carlos Múgica –y a otros muchos- no les veréis homenajeados por la Iglesia que gusta de comulgar con abrigo de visón junto a los poderosos, pero si venerados por quienes sintieron que eran parte de un mismo compromiso de lucha, por una vivienda digna, frente a los atropellos del ejército, defendiendo el derecho a ser educados, a librarse de la miseria…

Nunca es tarde para recordar que existieron y que su ejemplo sigue ahí, seguido por muchas -ojalá cada día más- personas, que creen en la Iglesia de la liberación, no en la de los castigadores y los palacios…

Os dejo unas palabras escritas por él mismo, Carlos Múgica, allá por 1972:

SEÑOR, perdóname por haberme acostumbrado a ver que los chicos que parecen tener ocho años tengan trece;

SEÑOR, perdóname por haberme acostumbrado a chapotear por el barro; yo me puedo ir, ellos no;

SEÑOR, perdóname por haber aprendido a soportar el olor de las aguas servidas, de las que me puedo ir y ellos no;

SEÑOR, perdóname por encender la luz y olvidándome de que ellos no pueden hacerlo;

SEÑOR, yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no: porque nadie hace huelga con su hambre;

SEÑOR, perdóname por decirles “no solo de pan vive el hombre” y no luchar con todo para que rescaten su pan;

SEÑOR, quiero quererlos por ellos y no por mi. Ayúdame.

SEÑOR, sueño con morir por ellos: ayúdame a vivir para ellos.

SEÑOR, quiero estar con ellos a la hora de la luz. Ayúdame.

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