Cataluña año cero

Posted on 30 septiembre, 2014 by oscar

Estamos como estamos. Aprobada Ley de consultas por el Parlamento de Cataluña y tras ello, la convocatoria de una Consulta para aprobar -no nos engañemos- la independencia de ese territorio del conjunto de España. Eso es una cosa que me cabrea mucho, la negativa a decir la verdad, porque tras la apuesta de Mas -llevado a rastras por una imparable marea provocada por los sectores de ERC, CUP o las asociaciones cívicas- no está sólo el derecho a opinar, sino que no hay otra cosa que la independencia de Cataluña. ¿Legítimo? Totalmente. ¿Legal? Queda claro que no. Está claro que la ciudadanía tiene derecho a opinar, pero hay asuntos de una vital importancia –como es la secesión de un territorio con todas sus consecuencias, buenas, malas o medio medio…- con los que no se puede jugar y en los que hay que evitar saltarse cualquiera de las normas que nos hemos dado para evitar envalentonar a la ciudadanía, causando frustración y no dejando más camino que el de la confrontación.

¿Tiene derecho el pueblo catalán ha mostrar su opinión con respecto a su relación con el resto del Estado? Claro que sí, pero dentro de los cauces que tenemos y que nos hemos dado todos -también el pueblo catalán-, cumpliendo los trámites y los procedimientos existentes. Porqué la Constitución Española recoge claramente que la soberanía nacional reside en el pueblo español, en su conjunto, no en una de sus partes, ya que si hay que trocear dicha soberanía… ¿porqué asumir que es una Comunidad Autónoma la que recoge dicha soberanía? ¿porqué no las regiones o comarcas? Si no asumen la legitimidad del Congreso de los Diputados, emanada de la Constitución ¿porqué hay que asumir la que tiene el Parlament de Catalunya, que también nace de esa misma Constitución y del Estatut generado a través de esta? Es de mala educación elegir la tajada que te viene bien y apartar las demás. O te comes todo el plato o pides que te cambien el menú. Y el menú -que creo que hay que cambiar- pasa por reformar la Constitución y dotarnos de un nuevo marco de convivencia acorde con los sentimientos y realidades de la mayoría social de este país, hoy y ahora.

El sentimiento nacional de una parte importante del pueblo catalán es evidente. Con eso tampoco se puede jugar, ni por parte de quien lo explota para avanzar en una senda que choca contra el muro de la Ley –los independentistas que saben que no hay atajos para lograr sus objetivos pero que los quieren forzar– ni por parte de la derecha española que ha usado el tema diferencial catalán como una forma de lograr votos en otros territorios, fomentando con sus provocaciones una fábrica de independentistas como nunca había existido.

La resolución de este conflicto, no del legal que tiene el recorrido que tiene, sino del político y social, pasa por sentarse a reformular el marco de convivencia de este país, poniendo encima de la mesa no sólo los sentimientos de los ciudadanos de cada territorio -especialmente los que tienen connotaciones nacionales propias-, sino también los intereses globales de esos territorios y del resto, ante Europa, la economía, la fiscalidad, las pensiones… y todo lo que de verdad da viabilidad social, económica e institucional a una sociedad globalizada como en la que vivimos.

Personalmente creo que, de momento, la solución podría llegar por cambiar el marco de 1978 de café para todos por uno nuevo que reconozca lo que es real: que existen territorios donde una parte importante de sus habitantes tienen sentimientos nacionales propios -y vocación de convertirlos en nuevos marcos institucionales- y que hay buscar acomodo para esa realidad dentro de los compromisos de permanencia de un estado viable en Europa y el mundo, llamado España.

¿Complicado? Sin duda, porque donde hay sentimientos a flor de piel -además animados por una marea ciudadana alentada con muchos medios humanos y materiales-, es muy difícil anteponer leyes, pero es que donde no hay leyes -con sus mecanismos para cambiarlas- lo que hay es totalitarismo y nulo respeto a las minorías. Tan complejo es explicarles, y que lo asuman, a los independentistas catalanes que tienen que canalizar sus aspiraciones dentro del marco constitucional, como explicarles, y que lo entiendan a los nacionalistas españoles –que haberlos “haylos” y tan acérrimos como los otros-, que no se puede poner puertas al mar y que al menos hay que buscar compuertas que se abran y cierren de común acuerdo, de vez en cuando, para evitar que haya inundaciones o tsunamis, que a nadie benefician.

Envidio al pueblo británico y sus instituciones, en su lección de normalidad con un proceso de votación para el caso Escocés, acordado dentro del marco legal existente y que ha buscado, con bastante éxito, no romper la convivencia. Nada que ver, ni con lo planteado por el independentismo catalán ni por lo ejecutado por el gobierno conservador español. Ni Mas o Junqueras son Alex Salmond ni Rajoy es Cameron. Ni se le parecen. Y es una pena.

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