Con toda normalidad… se puede opinar diferente.

Posted on 25 septiembre, 2014 by oscar

Que está el mundo convulso es evidente. Que siempre ha sido así también. Y en lo político, en estos tiempos de cambios e incertidumbre, donde la llegada de una nueva fuerza política -Podemos- pone de los nervios a todo el mundo -cosa que no entiendo la verdad-, pero especialmente más que a los que mandan en ella –los que la dirigen y la han diseñado con escuadra y cartabón, con gran eficiencia por cierto-, a muchos de los que la apoyan, entre los que encuentro además de una ilusión envidiable, una actitud más propia de fans que de convencidos y razonables seguidores, ya que ante cualquier crítica, cuestionamiento o discrepancia, hacen que caigan sobre ti mil maldiciones la catalogación de casta, vendido o deshonesto. Y a mi eso, permítanme que les diga que me cansa… debe ser porque me pilla mayor esto o porque yo ya estuve en esas posiciones maximalistas hace tiempo y se perfectamente de que van.

Y es que, con mis 40 años ahí colocaditos, me recuerdo siempre  militando en lo social y en lo político. Desde muy jovencito. En el asociacionismo estudiantil, en el sindicato, en política y ahí –en la actividad política- pasando por diversas experiencias, muy activas siempre, desde los grupos cristianos de base y la militancia en la extrema izquierda adolescente a la izquierda renovada y ecosocialista ya en la veintena, hasta acabar aportando mi grano de arena como parte de un proyecto amplio de municipalismo progresista desde los 30 hasta ahora.

Y que quieren que les diga, pero realmente no me siento más derechoso –aunque evidentemente he cambiado muchas de mis opiniones durante todos estos años ¿ustedes no?- ahora, que me ha tocado temporalmente ser un vecino con responsabilidades públicas que gestiona los dineros de otros vecinos, que cuando montaba piquetes en las huelgas, organizaba candidaturas verdes fracasadas o viajaba a Cuba, pero si bastante más respetuoso con las ideas de los demás.

Eso mucho… de ahí que los tonos exclusivamente blancos o negros, los maximalismos, el sectarismo y el intento de  aparentar superioridad moral o intelectual sobre los demás, me repatee y me coloque como un resorte, enfrente de quien lo practica. Si algo he aprendido en estos 25 años de participación en asociaciones, sindicatos y partidos, es a respetar a los demás, lo que piensan, lo que hacen y lo que son. Y que cada persona formamos cada uno de nosotros un complejo mundo, con nuestras vivencias, inquietudes, egoísmos y prioridades -cambiantes-, por lo que cualquier intento de uniformar o de encuadrar a la gente, suele ser la antesala del totalitarismo. Porque una cosa es participar de lo que sea, como individuo -de un partido, asociación, club de fútbol o peña de amigos- y otra es creerse que uno está en una secta, donde la verdad es absoluta, el resto del mundo equivocado y donde además te otorgas la misión de redimir a los demás, aunque estos, los demás, no quieran. Y de este tipo de personas -los iluminados por la verdad recién descubierta- uno se encuentra muchos entre los hinchas de fútbol, los feligreses de las Iglesias, las fans adolescentes y los seguidores de partidos políticos de todo el espectro, tanto del PSOE, PP, IU… y también -perdón, perdón, perdón por el atrevimiento… -Podemos –ahí de momento encuentro alguno más de la media, por la novedad supongo-…

Lo siento por la charleta, pero es que hoy me he despertado muy pronto y me he levantado con ganas de reivindicar la normalidad y sobre todo el derecho a ejercerla. Y el derecho a confundirse, a rectificar…, y sobre todo el derecho a pensar y actuar libremente como mejor le plazca a uno -con el único límite de leyes y vida ajenas– sin tener que ver como te perdonan la vida, te miran por encima del hombro o te condenan al infierno… y eso que nuestra historia ya debería habernos curado de tanto salvador y de tanto seleccionador nacional…

Yo reivindico el que, como dice Serrat:

Cada loco con su tema… contra gustos no hay disputa
artefactos, bestias, hombres y mujeres
cada uno es como es, cada quien es cada cual.
Y baja las escaleras como quiere…

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