Dionisio Ridruejo, una pasión española

Posted on 15 abril, 2014 by oscar

Mi admiración por Dionisio Ridruejo, queda bastante al descubierto por las diferentes entradas que he publicado sobre él, en este blog o en anteriores etapas del mismo, y me ha hecho pasarme por el Centro Dramático Nacional para ver de primera mano la adaptación teatral de la obra de Ignacio Amestoy, “Dionisio Ridruejo una pasión española”:

 

Me encantó. No sólo por la interpretación de los actores –espectacular Ernesto Arias-, sino por un libreto que aprovechando la colosal prosa de Dionisio Ridruejo -por no entrar en su verso- nos muestra la evolución de un personaje que fue cambiando sin perder ni la coherencia ni las ansias de libertad, de justicia y de futuro. Y todo ambientado en un espacio asfixiante en los días en que murió el propio Dionisio antes de que lo hiciera el dictador.

Pero mejor que yo, lo explica el propio autor Ignacio Amestoy:

“Para Dionisio Ridruejo las estepas rusas, cuando combatía con la División Azul de Hitler, fueron su Camino de Damasco. En poco tiempo pasaría de ser la referencia emblemática del fascismo franquista, a encabezar un partido socialdemócrata, Unión Social Demócrata Española, la USDE, en las tripas de la dictadura. Para Santos Juliá, Ridruejo llegaría a trazar “el primer esbozo de lo que habría de ser la transición a la democracia”. En la realidad, sería el primer político de la Transición.

Dionisio Ridruejo. Una pasión española trata de la personalidad de un político que, como otros muchos, en la encrucijada establecida en España por una República que no acertó en su desarrollo, tomaron partido desde un cierto idealismo por los presupuestos de una Falange que soñaba con que, con su acción, “volverán banderas victoriosas / al paso alegre de la paz”; versos ilusorios que el propio Ridruejo, como poeta que era, aportó al himno de la formación de José Antonio Primo de Rivera.

Luego, larga fue la lista de los “desencantados”: junto a Dionisio Ridruejo, José Luis López Aranguren, José Antonio Maravall, Antonio Tovar, Gonzalo Torrente Ballester o Pedro Laín Entralgo.

La acción de la obra tiene lugar el 28 y el 29 de junio de 1975, en un residencia militar en la que un coronel del Ejército español, que compartió ideales con Ridruejo en la División Azul, interpretado por Ernesto Arias, se entera de que su admirado conmilitón de entonces acaba de morir. Él hubiera querido, como Ridruejo, abandonar la singladura franquista. No ha sido capaz.  Y Ridruejo ha muerto antes que Franco, sin llegar a la “tierra prometida” de la democracia. Sin embargo, su estela es una llamada a la conciencia de todos lo que comulgaron, de una u otra forma, con el general sublevado. Tal es el caso de nuestro coronel Arenas.

La pieza discurre por dos vías: la del ritual y la del teatro documento. La tragedia del coronel, que tendrá su contrapunto en la presencia accidental de un joven capitán de la Unión Militar Demócrata, la UMD, incorporado por Daniel Muriel, mira a través de su pasión, de su sacrificio, a lo más profundo del teatro. Y las palabras auténticas de Ridruejo son el documento innegable de su equivocación y de su arrepentimiento, en aras de una transición a la democracia que él no llegó a presenciar, pero sí vivieron compañeros de oposición como García López, Paco Fernández Ordóñez, Ignacio Sotelo, Fermín Solana, Buero Vallejo, Juan Benet, José Ortega Spottorno, Paulino Garagorri o Juan José Linz.

Pocos directores, como Juan Carlos Pérez de la Fuente, podían comprender mejor Dionisio Ridruejo. Una pasión española. El rito y el testimonio son la encarnadura de su teatro. Sus montajes en el Centro Dramático Nacional (CDN) de Pelo de tormenta, de Nieva; San Juan, de Max Aub; La fundación, de Buero, o Carta de amor, de Arrabal, lo acreditan. El que sea también el CDN, bajo la lúcida dirección de Ernesto Caballero, en su apuesta a favor de la autoría española, el que ampare el montaje, es el mejor marchamo. Paco Lahoz, Nerea Moreno y Jesús Hierónides comparten protagonismo con Ernesto Arias y Daniel Muriel en esta memoria de la pasión española de Ridruejo, que no fue una pasión inútil.

Ignacio Amestoy.”

Por mi parte, una vez más, todo mi respeto y admiración por Dionisio Ridruejo, ese gran desconocido que siempre soñó con que sus versos regalados al Cara al Sol, “volverán banderas victoriosas / al paso alegre de la paz”, se hicieran realidad. Desde la Falange fundacional a la oposición democrática, siempre buscó que España disfrutara del paso alegre de la paz. De una España tan huérfana de pan, de patria y de justicia. Desde las estepas rusas con la División Azul hasta el conturbenio de Munich y el exilio. Desde el pensamiento joseantoniano a la socialdemocracia cristiana.

Siempre en el mismo sitio, aun pareciendo que estaba en lugares tan diferentes.

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